aceite de hígado graso
Sinopsis
Aceite de hígado de bacalao
1. Identidad: nomenclatura, origen y formas
Identidad botánica y química
El aceite de hígado de bacalao (AHB) es un suplemento nutricional extraído del hígado del bacalao del Atlántico, Gadus morhua. A veces se le denomina por su nombre farmacopeico en latín Oleum Jecoris Aselli (literalmente "aceite de hígado de bacalao"), designación que se encuentra en las farmacopeas europeas del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El aceite de hígado de bacalao contiene tres nutrientes clave que lo distinguen de otros suplementos: ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), vitamina A en su forma preformada de retinol, y vitamina D3. Se extrae de los hígados del bacalao del Atlántico y del Pacífico, razón por la cual contiene vitaminas liposolubles que el aceite de pescado común no posee.
Aunque su composición de ácidos grasos es similar a la de otros aceites de pescado, el aceite de hígado de bacalao tiene concentraciones más altas de vitaminas A y D. Según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, una cucharada (13,6 gramos o 14,8 mL) de aceite de hígado de bacalao contiene 4080 μg de vitamina A y 34 μg (1360 UI) de vitamina D. La ingesta dietética de referencia de vitamina A es de 900 μg al día para hombres adultos y de 700 μg al día para mujeres.
El aceite de hígado de bacalao es una mezcla de glicéridos de numerosos ácidos grasos, predominantemente ácido oleico, ácido gadoleico y ácido palmitoleico. El aceite de hígado de bacalao contiene aproximadamente un 20 % de ácidos grasos omega-3. Los ácidos grasos omega-6 están presentes en cantidades mucho menores, y generalmente representan menos del 2 % del total de ácidos grasos. El principal omega-6 del aceite de hígado de bacalao es el ácido linoleico, con trazas de ácido araquidónico. La proporción omega-6 a omega-3 en el aceite de hígado de bacalao es generalmente favorable, a menudo alrededor de 1:10 o inferior, lo que contrasta marcadamente con las dietas occidentales típicas, donde las proporciones pueden superar el 15:1. Los ácidos grasos saturados representan aproximadamente entre el 20 % y el 25 % del contenido graso total, predominantemente ácido palmítico (C16:0) y ácido mirístico (C14:0).
Origen natural
El aceite de hígado de bacalao se obtiene específicamente del hígado del bacalao del Atlántico, que actúa como órgano de almacenamiento de compuestos liposolubles. Este origen natural explica por qué el aceite es intrínsecamente rico en vitaminas A y D, a diferencia de los aceites extraídos de los tejidos corporales del pescado. El aceite de hígado de bacalao se elabora a partir del hígado del bacalao del Atlántico, un pez grande que vive en las aguas oceánicas muy frías cercanas a Noruega e Islandia. Los principales productores de suplementos de aceite de hígado de bacalao son países nórdicos como Noruega e Islandia.
Formas y preparaciones comunes
El aceite de hígado de bacalao se ha preparado y presentado en diversas formas a lo largo de su historia. La forma más habitual de distribución del aceite de hígado de bacalao ha sido históricamente en botellas. El uso diario permite la entrada de aire en la botella, con la consiguiente oxidación y sabor rancio. También se emplean cápsulas de gelatina, aunque esto incrementa considerablemente el costo del producto. El aceite de hígado de bacalao se ha fabricado como emulsión; la Farmacopea Noruega de 1913 (página 106) y su Comentario de 1919 (página 152) documentan preparaciones emulsionadas elaboradas principalmente para mejorar el sabor.
Ya en 1844 se describió la encapsulación en gelatina como un medio para enmascarar el sabor del aceite. Una nota publicada en 1844 describía cápsulas de aceite de hígado de bacalao preparadas en una farmacia de Nueva York, observando que la forma en cápsula eliminaba por completo el sabor desagradable de este medicamento. Las preparaciones comerciales modernas incluyen aceites líquidos (sin sabor o aromatizados, por ejemplo, con limón), cápsulas de gel blando, cápsulas con recubrimiento entérico y comprimidos. El aceite de hígado de bacalao es rico en ácidos grasos omega-3, un aspecto valioso desde el punto de vista nutricional, pero que lo hace susceptible a la oxidación, la enranciación y la destrucción de la vitamina A cuando se expone al aire.
Antiguamente el aceite se preparaba mediante la putrefacción de los hígados del bacalao. Peter Moller, en 1853, fue el primero en extraer el aceite de hígados frescos mediante vapor. El proceso de vapor representó un avance significativo en la obtención de un producto más puro y menos rancio. El aceite de hígado de bacalao contiene naturalmente muchos compuestos químicos y nutrientes diferentes. La cantidad de cada nutriente en un producto específico de aceite de hígado de bacalao puede variar por muchas razones, incluida la zona donde vivió el bacalao, las condiciones climáticas de ese momento y la forma en que se procesó el hígado.
2. Uso tradicional e histórico
Orígenes premodernos y folclóricos
Aunque los beneficios del aceite de hígado de bacalao como alimento se conocían ya en el siglo VII, el aceite de hígado de bacalao solo se propuso como medicinal para el raquitismo en el norte de Europa a finales del siglo XVIII. Las comunidades pesqueras del norte de Europa utilizaron el aceite de hígado de bacalao durante generaciones para restaurar la salud y aliviar dolores y molestias, antes de que los médicos y químicos de la Europa del siglo XIX comenzaran a interesarse por él.
En los países del norte de Europa, el aceite de hígado de bacalao tenía una larga historia de usos medicinales folclóricos, entre ellos su aplicación en la piel y su ingesta oral como tratamiento para el reumatismo y la gota. Antes de los procesos industriales, gran parte del mundo utilizaba una variedad de métodos de fermentación, fermentación silvestre y cocción para procesar y conservar productos de pescado, incluido el aceite. Estos métodos se han documentado a lo largo de la historia y en todas las regiones del mundo. Incluso los pueblos indígenas de América del Norte fermentaban y cocinaban pescado para elaborar un preciado aceite de pescado que se comerciaba en toda la región.
Adopción médica en el siglo XIX
Ya en 1782, médicos ingleses comenzaron a estudiar el aceite de hígado de bacalao y a prescribirlo para el reumatismo. Durante el siglo XIX, el aceite de hígado de bacalao se convirtió en un tratamiento ampliamente aceptado para el raquitismo, la tuberculosis, el dolor articular y muscular, y las heridas cutáneas. Históricamente, se administraba a los niños en los Estados Unidos en el siglo XIX como medicina patentada, y a finales de siglo era elogiado por los médicos en revistas médicas.
En el siglo XIX, el aceite de hígado de bacalao se popularizó como producto medicinal embotellado para consumo oral —una cucharadita al día—, utilizándose tanto aceites pálidos como marrones. El desencadenante del aumento de su uso oral fue la observación realizada en varios países europeos, comenzando en Alemania en la década de 1820 y extendiéndose a otros países hasta la década de 1860, de que los niños pequeños alimentados con aceite de hígado de bacalao no desarrollaban raquitismo.
El aceite de hígado de bacalao, rico en vitamina D, se propuso por primera vez para el tratamiento de la tuberculosis (TB) en 1770, y se utilizó ampliamente para este fin en el siglo XIX. Un artículo médico de 1849, publicado en lo que hoy se archiva en PubMed Central, describía su uso en la tisis pulmonar en el University College London, lo que refleja el grado en que había pasado a formar parte de la práctica clínica convencional. Registros tempranos de 1724 a 1926 señalan que Schenk y Schutte escribieron que el aceite de hígado de bacalao administrado por vía oral durante cinco semanas podía curar el raquitismo. Trousseau, en 1868, describió con elegancia cómo llegó a tratar el raquitismo con aceite de hígado de bacalao.
Comienzos del siglo XX y erradicación del raquitismo
A comienzos del siglo XX, el raquitismo era generalizado entre los niños pobres que vivían en las ciudades industrializadas y contaminadas del norte de los Estados Unidos. Con el descubrimiento de la vitamina D y la delimitación de las propiedades antirraquíticas del aceite de hígado de bacalao hacia la década de 1930, se hizo posible no solo tratar, sino también erradicar el raquitismo en los Estados Unidos. En el norte de Europa y en los Estados Unidos, la práctica de dar aceite de hígado de bacalao a los niños para prevenir el raquitismo persistió hasta bien entrada la década de 1950. Esto coincidió con la fortificación de la leche de vaca con vitamina D, que comenzó a comienzos de la década de 1930.
Históricamente, las personas que viven en el norte de Europa han recurrido al aceite de hígado de bacalao como suplemento de vitamina D durante los meses de invierno, cuando la luz solar es escasa. Aún fabricadas hoy con una fórmula prácticamente idéntica, las emulsiones comerciales siguen siendo ricas en vitaminas A y D, calcio, fósforo y ácidos grasos omega-3, con propiedades terapéuticas que reflejan una larga tradición de uso: promover un crecimiento saludable, fortalecer la resistencia a las enfermedades y proteger contra los estragos de la edad.
Generaciones de niños en ciudades del norte de Europa aprendieron a odiar el sabor y el olor del líquido aceitoso oscuro, y luego se convirtieron en padres que, a su vez, detestaban obligar a sus hijos a tragarlo. La percepción histórica del aceite de hígado de bacalao como algo "indeciblemente detestable de tomar" sugiere que la palatabilidad ha sido una preocupación durante siglos, lo que ha impulsado el desarrollo del producto a lo largo de la historia.
3. Constituyentes clave y compuestos activos
Ácidos grasos omega-3: EPA y DHA
A comienzos de la década de 1970, los investigadores Bang y Dyerberg determinaron que el pescado y el aceite de pescado contenían dos ácidos grasos omega-3 denominados ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). Desde su descubrimiento, el EPA y el DHA se han convertido en algunos de los nutrientes más estudiados de la historia, con más de 30 000 artículos científicos en su nombre. El EPA y el DHA se han investigado para todo tipo de afecciones, desde enfermedades cardíacas hasta la artritis reumatoide.
El EPA es un ácido graso omega-3 de 20 carbonos que actúa como precursor de las prostaglandinas de la serie 3 y los leucotrienos de la serie 5, que poseen propiedades antiinflamatorias y vasodilatadoras. El EPA compite con el ácido araquidónico (un ácido graso omega-6) por la incorporación a las membranas celulares y por el metabolismo mediado por las enzimas ciclooxigenasa y lipoxigenasa. Esta inhibición competitiva reduce la producción de eicosanoides proinflamatorios como la prostaglandina E2 y el leucotrieno B4.
El DHA es un ácido graso omega-3 de 22 carbonos que se encuentra altamente concentrado en el tejido neural, particularmente en el cerebro y la retina. Constituye aproximadamente el 40 % de los ácidos grasos poliinsaturados en las membranas de las células neuronales y el 60 % en los segmentos externos de los fotorreceptores. El DHA es esencial para el desarrollo cerebral normal durante el embarazo y la infancia, y mantiene la integridad estructural y funcional de las membranas neuronales a lo largo de la vida.
El EPA y el DHA son capaces de inhibir parcialmente varios aspectos de la inflamación, incluida la quimiotaxis de leucocitos, la expresión de moléculas de adhesión y las interacciones adhesivas leucocito-endotelio, la producción de eicosanoides como las prostaglandinas y los leucotrienos a partir del ácido araquidónico (un ácido graso n-6), la producción de citocinas inflamatorias y la reactividad de los linfocitos T. En paralelo, el EPA da lugar a eicosanoides que a menudo tienen menor potencia biológica que los producidos a partir del ácido araquidónico, y el EPA y el DHA dan lugar a resolvinas y protectinas antiinflamatorias y proresolutivas de la inflamación.
Los ácidos grasos de cadena larga influyen en la inflamación a través de diversos mecanismos; muchos de ellos están mediados, o al menos asociados, con cambios en la composición de ácidos grasos de las membranas celulares. Los cambios en estas composiciones pueden modificar la fluidez de la membrana, la señalización celular que conduce a una expresión génica alterada y el patrón de producción de mediadores lipídicos. Las células implicadas en la respuesta inflamatoria son típicamente ricas en el ácido graso n-6 ácido araquidónico, pero el contenido de ácido araquidónico y de los ácidos grasos n-3 EPA y DHA puede alterarse mediante la administración oral de EPA y DHA.
Vitamina D
Una cucharadita de aceite de hígado de bacalao aporta unas 450 UI de vitamina D3, la misma forma que la piel produce con la luz solar. Eso cubre una parte significativa de las 600 a 800 UI que necesitan diariamente la mayoría de los adultos. La vitamina D desempeña un papel directo en la regulación de la absorción corporal de calcio y fósforo, necesarios para la mineralización y el mantenimiento de huesos fuertes. Históricamente, esta propiedad se aprovechó para prevenir y tratar afecciones como el raquitismo, un debilitamiento de los huesos en los niños causado por una deficiencia grave de vitamina D.
Vitamina A (retinol preformado)
La vitamina A es un nutriente vital para la función del sistema inmunitario, el crecimiento celular, la salud ocular y la reproducción. La vitamina A preformada presente en el aceite de hígado de bacalao es la razón principal por la que no se puede tratar como un aceite de pescado común y simplemente tomar más para obtener omega-3 adicionales. El nivel máximo de ingesta tolerable de vitamina A preformada en adultos es de 3000 mcg al día. Los componentes del aceite también contribuyen significativamente a la regulación y función inmunitaria. Las vitaminas A y D trabajan juntas para apoyar tanto la rama innata como la adaptativa del sistema inmunitario.
Mecanismos hipolipemiantes
Se ha comprobado que el aceite de hígado de bacalao reduce la síntesis hepática de VLDL, con los consiguientes cambios en la composición de los lípidos plasmáticos. Las concentraciones medias de triglicéridos plasmáticos se redujeron y las de colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) aumentaron con la suplementación. Estos ácidos grasos se incorporan activamente a la membrana celular y disminuyen la fluidez lipídica de la membrana. También se ha sugerido que el aceite de hígado de bacalao prolonga el tiempo de sangrado primario, y provoca una baja agregación plaquetaria y una baja síntesis de tromboxano A2 plaquetario. El EPA inhibe competitivamente la producción de prostaglandinas y leucotrienos derivados del ácido araquidónico, y puede reducir la inflamación mediante estos y otros mecanismos.
4. Evidencia científica por área de uso
4.1 Prevención del raquitismo y salud ósea
La evidencia más establecida históricamente sobre el aceite de hígado de bacalao se relaciona con la prevención y el tratamiento del raquitismo. Aunque los beneficios del aceite de hígado de bacalao como alimento se conocían ya en el siglo VII, el aceite de hígado de bacalao solo se propuso como medicinal para el raquitismo en el norte de Europa a finales del siglo XVIII. La relación entre el raquitismo y la deficiencia nutricional se sospechó y demostró entre 1880 y 1915, al mismo tiempo que se descubrían otras sustancias vitales (vitaminas) necesarias para prevenir el beriberi, el escorbuto y la pelagra. Con el descubrimiento de la vitamina D y la delimitación de las propiedades antirraquíticas del aceite de hígado de bacalao hacia la década de 1930, se hizo posible no solo tratar, sino también erradicar el raquitismo en los Estados Unidos.
El mecanismo está bien caracterizado: uno de los beneficios mejor conocidos del aceite de hígado de bacalao se relaciona con el apoyo esquelético, impulsado en gran medida por su contenido de vitamina D. La vitamina D desempeña un papel directo en la regulación de la absorción corporal de calcio y fósforo, necesarios para la mineralización y el mantenimiento de huesos fuertes. En un estudio noruego se comprobó que 5 ml de aceite de hígado de bacalao aumentaban el nivel de vitamina D en 17 nmol/litro, un incremento moderado con una probabilidad de toxicidad muy baja, pero suficiente para tratar la deficiencia de vitamina D. La evidencia del papel del aceite de hígado de bacalao en la prevención del raquitismo nutricional se considera sólida y bien establecida, y sustenta su posición de larga data en las recomendaciones de salud pública en Noruega y otros países escandinavos.
4.2 Artritis reumatoide e inflamación articular
Varios ensayos clínicos en humanos han examinado el efecto del aceite de hígado de bacalao sobre la artritis reumatoide (AR), lo que constituye el cuerpo más robusto de evidencia intervencionista para una sola afección estudiada específicamente con aceite de hígado de bacalao.
El objetivo de un estudio clave fue determinar si la suplementación con aceite de hígado de bacalao ayuda a reducir el requerimiento diario de AINE en pacientes con AR. Se trató de un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, de dos centros y 9 meses de duración. Noventa y siete pacientes con AR fueron aleatorizados para tomar 10 g de aceite de hígado de bacalao que contenían 2,2 g de ácidos grasos esenciales n-3, o cápsulas de placebo idénticas rellenas de aire. Cincuenta y ocho pacientes (60 %) completaron el estudio. De los 49 pacientes del grupo de aceite de hígado de bacalao, 19 (39 %), y de los 48 pacientes del grupo placebo, 5 (10 %) lograron reducir su requerimiento diario de AINE en más del 30 % (P = 0,002). No se observaron diferencias entre los grupos en los parámetros clínicos de actividad de la enfermedad de la AR ni en los efectos secundarios observados. El estudio concluyó que los suplementos de aceite de hígado de bacalao que contienen ácidos grasos n-3 pueden utilizarse como agentes ahorradores de AINE en pacientes con AR.
Un estudio piloto independiente informó lo siguiente: en este estudio piloto, 43 pacientes con artritis reumatoide ingirieron 1 g de aceite de hígado de bacalao (una cápsula) al día durante 3 meses. Se registraron disminuciones en la rigidez matutina (52,4 %; P<10⁻³), en las articulaciones dolorosas (42,7 %) y tumefactas (40 %) (P = 10⁻³ en cada caso), y en la intensidad del dolor (67,5 %). El 68 % de los pacientes calificó la eficacia como "buena" o "muy buena", y el 95 % hizo lo mismo con la tolerabilidad. Once pacientes reportaron efectos adversos no graves que en 3 casos pudieron estar relacionados con la preparación del estudio. Se trató de un estudio piloto sin grupo placebo, lo que limita sus conclusiones.
Se han publicado pocos ensayos aleatorizados controlados con placebo que evalúen el efecto de los aceites de pescado sobre la actividad de la AR. De los que se han publicado, la mayoría ha mostrado una mejora en al menos dos variables clínicas o una reducción en el requerimiento de AINE. En general, la evidencia de ensayos en humanos sobre un efecto modesto de ahorro de AINE del aceite de hígado de bacalao en la AR se considera moderada, siendo la principal limitación el tamaño reducido de las muestras y la duración relativamente corta de los ensayos.
4.3 Enfermedad cardiovascular y parámetros lipídicos
Observaciones de años anteriores revelaron que poblaciones humanas como las de los esquimales presentan una menor incidencia de cardiopatía coronaria, atribuida a su dieta rica en productos del mar. Uno de esos alimentos es el aceite de hígado de bacalao. El descubrimiento del EPA y el DHA por Bang y Dyerberg en la década de 1970 surgió directamente de la observación de tasas bajas de enfermedad cardiovascular en poblaciones inuit de Groenlandia con dietas ricas en grasas marinas.
Un estudio comparativo de 30 días publicado en PMC examinó el efecto del aceite de hígado de bacalao sobre los parámetros lipídicos en pacientes con hiperlipidemia. Tras 30 días de observación, ambos grupos mostraron una reducción significativa en los niveles de colesterol total, LDL y triglicéridos. También se observó un aumento en los niveles de HDL. Sin embargo, con la ingesta de aceite de hígado de bacalao, el grupo de intervención mostró una reducción significativamente mayor de colesterol y lípidos en comparación con el grupo placebo.
Los ácidos grasos omega-3 del aceite de hígado de bacalao pueden reducir los triglicéridos sanguíneos entre un 15 % y un 30 %, y pueden elevar el colesterol HDL, lo que se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardíaca. Sin embargo, el panorama general es más complejo. Los metaanálisis no han mostrado beneficios claros del aceite de hígado de bacalao en los resultados de enfermedad cardiovascular, y la evidencia sobre desenlaces cardiovasculares duros (mortalidad, infarto de miocardio no fatal) específicamente del aceite de hígado de bacalao —en contraposición a las preparaciones farmacéuticas de omega-3 concentradas y de alta dosis— sigue siendo limitada y no concluyente. El ensayo REDUCE-IT demostró que 4 g de icosapento etílico (un producto de EPA purificado) reducían el riesgo de eventos isquémicos en sujetos con hipertrigliceridemia; sin embargo, este producto consistía en un 100 % de EPA y corresponde aproximadamente a 10 veces más EPA que el contenido presente en una dosis diaria recomendada de AHB. Estos hallazgos, obtenidos de productos farmacéuticos de omega-3 de alta dosis, no deben extrapolarse directamente a los suplementos estándar de aceite de hígado de bacalao.
4.4 Inflamación y proteína C reactiva
Un ensayo observacional prospectivo publicado en PMC, el subestudio North Sea Race Endurance Exercise Study (NEEDED) 2014, encontró que el consumo regular de aceite de hígado de bacalao se asociaba con niveles reducidos de proteína C reactiva (PCR) basal e inducida por el ejercicio —un biomarcador de inflamación sistémica— en una cohorte de atletas de resistencia recreativos. Los suplementos de ácidos grasos omega-3 atenúan la inflamación al modular la función de la membrana celular, reducir la expresión de citocinas proinflamatorias (como la IL-6) y disminuir la producción de derivados del ácido araquidónico y de especies reactivas de oxígeno. Los suplementos de ácidos grasos omega-3 contienen una variedad de EPA y DHA, y estas sustancias tienen efectos diferentes sobre la respuesta inflamatoria. El EPA es un precursor de leucotrienos, atenuando la ciclooxigenasa-2 y el metabolismo araquidónico, mientras que el DHA es el precursor de las protectinas. Este estudio fue observacional y no establece causalidad.
4.5 Salud mental y depresión
Varios estudios observacionales han investigado una posible asociación entre el uso de aceite de hígado de bacalao y los síntomas depresivos. El Estudio de Salud de Hordaland, una amplia encuesta noruega poblacional de corte transversal, proporciona los datos humanos más directamente específicos sobre el AHB. Este estudio tuvo como objetivo evaluar la asociación entre la ingesta de aceite de hígado de bacalao, rico en ácidos grasos omega-3, y niveles elevados de síntomas de depresión y ansiedad en la población general. Los investigadores utilizaron datos del Estudio de Salud de Hordaland 1997-1999, una encuesta de salud poblacional de corte transversal de Noruega que incluyó a 21 835 sujetos de 40 a 49 años y de 70 a 74 años. Los síntomas de depresión y ansiedad se midieron mediante la Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión (HADS). Se utilizó regresión logística para estudiar las asociaciones. Un total del 3,6 % presentaba niveles elevados de síntomas depresivos. La prevalencia de dichos síntomas depresivos entre los sujetos que usaban aceite de hígado de bacalao diariamente fue del 2,5 %, comparada con el 3,8 % en el resto de la población. Al tratarse de un estudio de corte transversal, no se puede establecer causalidad. La evidencia clínica de ensayos a corto plazo respalda la idea de que la suplementación con omega-3, además del tratamiento farmacológico estándar, mejora el resultado en la depresión, aunque otros ensayos no han encontrado esto. Esto puede deberse a una variación en la dosis de omega-3 administrada o al contenido de DHA frente a EPA en el aceite de omega-3 utilizado. La base de evidencia específica del AHB en la depresión es preliminar y en gran medida observacional.
4.6 Salud ocular
Algunas investigaciones sugieren que los ácidos grasos omega-3 reducen factores de riesgo del glaucoma, como la presión ocular y el daño nervioso. Además, las dietas altas en vitamina A pueden reducir el riesgo de glaucoma y de degeneración macular relacionada con la edad (DMRE), en comparación con dietas más bajas en vitamina A. Aunque la vitamina A es útil para la salud ocular, no se recomiendan dosis altas, ya que pueden causar efectos adversos. El DHA es un ácido graso omega-3 de 22 carbonos que se encuentra altamente concentrado en el tejido neural, particularmente en el cerebro y la retina. Constituye aproximadamente el 40 % de los ácidos grasos poliinsaturados en las membranas de las células neuronales y el 60 % en los segmentos externos de los fotorreceptores. La evidencia en esta área específicamente para el aceite de hígado de bacalao es en gran medida indirecta, basada en la biología conocida de sus compuestos constituyentes en lugar de en ensayos clínicos dedicados al AHB.
4.7 Función inmunitaria e infecciones
El aceite de hígado de bacalao, definido como un suplemento nutricional rico en ácidos grasos esenciales omega-3, así como en vitaminas A y D, se ha estudiado por su potencial para reducir el uso de antibióticos durante las temporadas de otitis media. Los componentes del aceite también contribuyen significativamente a la regulación y función inmunitaria. Las vitaminas A y D trabajan juntas para apoyar tanto la rama innata como la adaptativa del sistema inmunitario. Los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA ayudan a modular la respuesta inflamatoria del cuerpo al suprimir proteínas que promueven la inflamación crónica. La evidencia de ensayos controlados aleatorizados específicamente sobre el aceite de hígado de bacalao y los resultados inmunitarios en humanos sigue siendo limitada.
4.8 Otras áreas investigadas
Sus posibles beneficios en la reducción de la incidencia de la esclerosis múltiple, la mejora de la función renal en pacientes diabéticos y la exhibición de actividad anticancerígena se han propuesto como áreas que merecen mayor investigación terapéutica. La literatura ha revisado la eficacia de los AGPI n-3 en el control de enfermedades inflamatorias y autoinmunes como la artritis reumatoide, el asma, la enfermedad inflamatoria intestinal, la psoriasis, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la esclerosis múltiple y el lupus eritematoso sistémico. Sin embargo, para estas áreas, gran parte de la evidencia proviene de estudios sobre los AGPI n-3 en general, en lugar de sobre el aceite de hígado de bacalao específicamente, y la solidez de la evidencia es variable, desde preliminar hasta mixta. Las investigaciones en curso sugieren firmemente que el valor terapéutico del aceite de hígado de bacalao podría ir más allá de sus vitaminas.
5. Sistemas corporales asociados con el aceite de hígado de bacalao
- Sistema musculoesquelético: metabolismo de la vitamina D y el calcio que sustenta la mineralización ósea; ahorro de AINE en la artritis reumatoide y la inflamación articular.
- Sistema cardiovascular: reducción de triglicéridos, elevación del HDL, efectos antiplaquetarios y propiedades antiaterosclerósicas atribuidas al EPA y al DHA.
- Sistema inmunitario: contribución significativa a la regulación y función inmunitaria, con las vitaminas A y D trabajando juntas para apoyar tanto la rama innata como la adaptativa del sistema inmunitario.
- Sistema nervioso y salud mental: DHA como componente estructural de las membranas neuronales; asociaciones observacionales con la reducción de los síntomas depresivos.
- Sistema visual: DHA en las membranas de los fotorreceptores; vitamina A como precursor del pigmento visual retiniano.
- Sistema endocrino/metabólico: la deficiencia de vitamina D se relaciona con fracturas óseas en personas mayores y con un desarrollo cerebral anómalo en la descendencia; también puede contribuir al desarrollo del síndrome metabólico, que implica la combinación de presión arterial alta, niveles elevados de glucosa y colesterol alto.
6. Formas de dosificación y dosis reportadas en los estudios
Los productos de aceite de hígado de bacalao varían ampliamente en concentración, y las cantidades de nutrientes constituyentes difieren según la marca y la formulación. Las siguientes dosis son las reportadas en los estudios clínicos y observacionales identificados:
- Ahorro de AINE en artritis reumatoide (Galarraga et al., 2008): noventa y siete pacientes con AR fueron aleatorizados para tomar 10 g de aceite de hígado de bacalao que contenían 2,2 g de ácidos grasos esenciales n-3, o cápsulas de placebo, durante 9 meses.
- Estudio piloto de síntomas de AR: cuarenta y tres pacientes con artritis reumatoide ingirieron 1 g de aceite de hígado de bacalao (una cápsula) al día durante 3 meses.
- Estado de la vitamina D (estudio noruego): en un estudio noruego se comprobó que 5 ml de aceite de hígado de bacalao aumentaban el nivel de vitamina D en 17 nmol/litro, un incremento moderado con una probabilidad de toxicidad muy baja, pero suficiente para tratar la deficiencia de vitamina D.
- Contenido promedio de nutrientes por cucharadita (referencia WebMD/farmacopeica): en promedio, una cucharadita de aceite de hígado de bacalao puro contiene 10 mcg (400 UI) de vitamina D y 600 mcg de vitamina A, más de la mitad de la ingesta diaria recomendada total de estas vitaminas para la mayoría de los adultos.
- Datos de la USDA por cucharada: una cucharada (13,6 g o 14,8 mL) de aceite de hígado de bacalao contiene 4080 μg de vitamina A y 34 μg (1360 UI) de vitamina D.
Cada producto de aceite de hígado de bacalao es diferente, y un producto específico puede contener niveles mucho más bajos o más altos de estas vitaminas. Niveles mucho más bajos pueden no ser útiles para aumentar los niveles de vitamina A y vitamina D. Niveles mucho más altos pueden causar efectos secundarios graves.
7. Consideraciones de seguridad e interacciones
Toxicidad por vitamina A (hipervitaminosis A)
La vitamina A preformada presente en el aceite de hígado de bacalao es la razón principal por la que no puede tratarse como un aceite de pescado común para obtener omega-3 adicionales. El nivel máximo de ingesta tolerable de vitamina A preformada en adultos es de 3000 mcg al día. En niños de 1 a 3 años, este límite se reduce a solo 600 mcg. Superar estos umbrales de manera regular puede sobrecargar el hígado y, durante el embarazo, supone un riesgo de defectos congénitos.
La toxicidad crónica por vitamina A puede causar daño hepático, dolor óseo, cambios en la piel y aumento de la presión intracraneal. Las mujeres embarazadas son particularmente vulnerables, ya que la ingesta excesiva de vitamina A durante el embarazo se asocia con efectos teratogénicos y defectos congénitos. El NHS aconseja específicamente a las mujeres embarazadas evitar los suplementos de vitamina A y los productos de hígado. Los síntomas de la toxicidad por vitamina A incluyen dolor de cabeza, visión borrosa, náuseas, mareos y descamación de la piel.
Un informe de caso temprano de hipervitaminosis A documentado en la base de datos LiverTox del NIH describe a un niño de 3 años que recibía dosis altas de vitamina A a partir de aceite de hígado de bacalao diario y que desarrolló anorexia seguida de letargo, dolor óseo, hiperostosis visible en radiografía, alopecia, hepatoesplenomegalia y anemia, mejorando tras suspender los suplementos de aceite de hígado de bacalao.
Toxicidad por vitamina D
La toxicidad por vitamina D (hipervitaminosis D) constituye una contraindicación. Las personas con niveles muy altos de vitamina D no deben tomar aceite de hígado de bacalao, y un profesional de la salud puede solicitar un análisis de sangre para comprobar los niveles de vitamina D. Tanto la toxicidad por vitamina A como por vitamina D pueden resultar del consumo de grandes cantidades de aceite de hígado de bacalao.
Efectos gastrointestinales
Los efectos secundarios comunes incluyen mal sabor en la boca o mal aliento, acidez, náuseas, malestar estomacal y diarrea. El almacenamiento y la vida útil requieren atención, ya que los ácidos grasos omega-3 son susceptibles a la oxidación. El aceite de hígado de bacalao rancio pierde valor nutricional y puede causar malestar gastrointestinal.
Riesgo de sangrado e interacciones con anticoagulantes
Las complicaciones hemorrágicas son una posible preocupación, aunque el sangrado clínicamente significativo es poco común a las dosis habituales de suplementación. Los ácidos grasos omega-3 poseen propiedades antiplaquetarias leves, que pueden afectar el tiempo de sangrado. Este riesgo puede aumentar con dosis más altas o cuando se combinan con anticoagulantes o medicamentos antiplaquetarios. El riesgo de sangrado puede aumentar con la suplementación de omega-3 en dosis altas, particularmente en personas que toman anticoagulantes (warfarina, ACOD), agentes antiplaquetarios (aspirina, clopidogrel) o antiinflamatorios no esteroideos. Si se está tomando warfarina, es recomendable monitorear el INR al iniciar o suspender el aceite de hígado de bacalao.
Interacciones con medicamentos
El aceite de hígado de bacalao no debe tomarse junto con retinoides orales (como isotretinoína, acitretina o alitretinoína) debido al mayor riesgo de toxicidad por vitamina A. La toma debe separarse del orlistat o de los secuestradores de ácidos biliares (como la colestiramina) por al menos 2 horas, ya que estos pueden reducir la absorción. Los nutrientes contenidos en el aceite de hígado de bacalao pueden causar interacciones con medicamentos. Los anticoagulantes, por ejemplo, pueden ver aumentada su actividad si se toman grandes cantidades de aceite de hígado de bacalao. Debido a su alto contenido de vitamina D, el aceite de hígado de bacalao tampoco se recomienda para personas con hipercalcemia.
Variabilidad en la composición del producto
Superar de manera regular el nivel máximo de ingesta de vitamina A puede sobrecargar el hígado y, durante el embarazo, supone un riesgo de defectos congénitos. Debido a que las concentraciones de vitamina A varían significativamente entre marcas, revisar la etiqueta es más importante con el aceite de hígado de bacalao que con la mayoría de los suplementos. Algunos productos están formulados para mantener la vitamina A en niveles moderados mientras aumentan el contenido de omega-3. Otros conservan los niveles naturalmente elevados de vitamina A que se encuentran en el hígado de bacalao.
La idea de que el aceite de hígado de bacalao es la "mejor" o "única" fuente de omega-3 es falsa, ya que otros aceites de pescado y fuentes vegetales proporcionan libremente niveles equivalentes o superiores sin la elevada carga de vitamina A. Esta es una distinción clínicamente relevante, ya que los consumidores que buscan omega-3 sin el riesgo asociado de acumulación de vitamina A pueden estar mejor servidos con aceites de cuerpo de pescado.
Referencias
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Condiciones de Salud
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Sistemas Corporales
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