La fitasa es un tipo de enzima que cataliza la hidrólisis del ácido fítico (hexakisfosfato de mio-inositol), una forma de fósforo que generalmente se encuentra unida en alimentos de origen vegetal, particularmente semillas, granos, legumbres y salvado. Si bien el ácido fítico sirve como forma de almacenamiento de fósforo en las plantas, es en gran medida indigerible en humanos y animales no rumiantes debido a la falta de fitasa endógena. La suplementación con fitasa ayuda a liberar fósforo utilizable y otros minerales como calcio, zinc y hierro del ácido fítico, mejorando así la biodisponibilidad y reduciendo posibles deficiencias minerales.
En la salud y nutrición humana, la fitasa se incluye frecuentemente en suplementos dietéticos y alimentos funcionales para mejorar la absorción de minerales, particularmente para personas con dietas ricas en plantas o vegetarianas donde la ingesta de ácido fítico puede ser alta. En la salud digestiva, la fitasa apoya la función intestinal al ayudar a la descomposición de moléculas complejas y reducir los efectos antinutricionales de los fitatos, que pueden deteriorar la digestión y la absorción de nutrientes.
La fitasa también se utiliza ampliamente en la alimentación animal, especialmente para cerdos y aves de corral, para mejorar la eficiencia del alimento, reducir la necesidad de fósforo inorgánico suplementario y minimizar la contaminación por fósforo proveniente de los desechos animales. Existen varios tipos de fitasa (p. ej., 3-fitasa, 6-fitasa), obtenidos de hongos, bacterias o microbios modificados, cada uno con diferentes perfiles de actividad y estabilidad en diversos entornos de pH, como el estómago o el intestino delgado.
Uso Histórico:
Aunque la fitasa en sí misma es un descubrimiento científico moderno, los principios detrás de sus beneficios tienen raíces en prácticas dietéticas tradicionales. Las antiguas técnicas de fermentación—utilizadas en culturas de todo el mundo durante miles de años—promovían sin saberlo la actividad de la fitasa. Por ejemplo, remojar, germinar y fermentar granos y legumbres (como en el pan de masa madre, el tempeh o el injera etíope tradicional) reduce el contenido de ácido fítico a través de fitasas microbianas y derivadas de plantas que ocurren de forma natural.
Estas prácticas estuvieron históricamente impulsadas por la necesidad de hacer los alimentos vegetales más digeribles y nutritivos sin una comprensión de los mecanismos enzimáticos subyacentes. Solo en el siglo XX, con los avances en bioquímica y ciencias de la nutrición, la fitasa fue aislada, caracterizada y aprovechada tanto para aplicaciones clínicas como agrícolas.